Media vida || Stephen Levine

Jay Mantri.pillows

Pillows, by Jay Mantri

Caminamos por media vida
como si fuera un sueño febril
tocando apenas el suelo
los ojos medio abiertos
el corazón medio cerrado.

Sin saber la mitad de quiénes somos
miramos a nuestro fantasma flotar
de habitación en habitación
a través de amigos y amantes
nunca tan real como se anuncia.

Sin decir la mitad de lo que queremos decir
o sin querer decir la mitad de lo que decimos
nos soñamos
de nacimiento en nacimiento
buscando algún yo que sea real.

Hasta que la fiebre desaparece
y el corazón no puede quedarse
ni un momento más
mientras el resto de nosotros despierta
convocado desde el sueño,
sin medio importarnos nada salvo el amor.

 

Stephen Levine, Half Life.

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El amor después del amor || Derek Walcott

reflejosLlegará el día
en que, exultante,
te saludarás a ti mismo al llegar
a tu propia puerta, en tu propio espejo,
y cada uno sonreirá a la bienvenida del otro,

y dirá: siéntate aquí. Come.
Amarás de nuevo al extraño que fuiste para ti.
Dale vino. Dale pan. Devuélvele el corazón
a tu corazón, a ese extraño que te ha amado

toda tu vida, a quien ignoraste
por otro y que te conoce de memoria.
Baja las cartas de amor del estante,

las fotos, las notas desesperadas,
desprende tu propia imagen del espejo.
Siéntate. Haz con tu vida un festín.

 

Derek Walcott, Love After Love.

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Tres gratitudes || Carrie Newcomer

Carrie Newcomer by Jim McGuireCada noche antes de dormir
digo en voz alta
tres cosas por las que siento gratitud,
todo lo significativo, insignificante
extraordinario, ordinario de mi vida.
Es una práctica pequeña y humilde,
y aun así, parece que duermo mejor
sosteniendo lo que aligera y ablanda mi vida
siquiera un instante al final del día.
La luz del sol y arándanos,
buenos perros y calcetines de lana,
una lluvia fina,
un buen amigo,
albahaca fresca y flox silvestre,
la buena salud de mi padre,
el nuevo trabajo de mi hija,
la canción que siempre me hace llorar,
siempre en la misma parte,
no importa cuántas veces la oiga.
Café decente en el aeropuerto
y tu respiración tranquila,
las historias que me contaste,
los dibujos de la escarcha en las ventanas,
cornos ingleses y banjos,
zorzal manchado y bichos de junio,
la tersa calma vidriosa del estanque en la mañana,
un abrigo viejo,
un poema nuevo,
mi carné de la biblioteca,
y que mi coche siga andando
pese a todos los kilómetros.

Y después de tres cosas,
las más de las veces,
entro en racha y sigo indefinidamente,
sigo nombrando y enumerando,

hasta que, tumbada, sonrío,
con las mantas hasta la barbilla,
llena de asombro
ante la dulzura de todo eso.

 

Three gratitudes, de Carrie Newcomer: texto original en inglés del poema y audio del poema recitado por su autora.

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Diferencia || Anna Kamienska

nube interior

Dime cuál es la diferencia
entre esperanza y espera
porque mi corazón no lo sabe
se corta constantemente con el cristal de la espera
se pierde constantemente en la niebla de la esperanza.


Texto original
en inglés.
Nube interior vía photopin (licencia)

 

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Un claro || Martha Postlewaite

Jeffrey B Gibson Ditchley Woods

No intentes salvar el mundo entero ni hacer nada grandioso.
Abre, en cambio, un claro en el denso bosque de tu vida
y espera allí con paciencia,
hasta que la canción que es tu vida
caiga en tus manos ahuecadas
y la reconozcas y la acojas.
Solo entonces sabrás cómo darte
a este mundo
tan merecedor de rescate.

 

Texto original en inglés: Martha Postlewaite, Clearing.

Foto: © Copyright Jeffrey B Gibson con licencia de reutilización  Creative Commons

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No todo ocurre por una razón || Tim Lawrence

grief+picSalgo de esta conversación perplejo. Lo he visto un millón de veces, pero sigue afectándome cada vez.

Estoy escuchando a un hombre contar una historia: una conocida suya sufrió un devastador accidente de coche; su vida se hizo añicos en un instante. Ahora vive en un estado de dolor casi permanente, parapléjica, arrebatadas muchas de sus esperanzas.

El hombre cuenta que antes del accidente la vida de esta mujer era un desastre, pero que la tragedia había traído cambios positivos a su vida. Que, como consecuencia de esta devastación, vivía una vida maravillosa.

Y luego pronuncia las palabras. Las palabras que son responsables de algo que no es más que violencia emocional, espiritual y psicológica:

Todo ocurre por una razón. Que esto era algo que tenía que pasar para que ella madurase.

Esa es la clase de puta mentira que destruye vidas. Y es rotundamente incierto.

Me parece increíble que persistan tantos de estos mitos, y esa es la razón por la que divulgo en mi boletín gratuito herramientas y estrategias prácticas para trabajar con el dolor. Estos mitos no son más que lugares comunes disfrazados de sofisticación y nos impiden hacer lo único que debemos hacer cuando nuestra vida se vuelve del revés: llorar la pérdida.

Ustedes saben exactamente de lo que hablo. Las han oído en incontables ocasiones. Es probable que incluso las hayan pronunciado alguna vez. Y todas y cada una de estas palabras deben ser aniquiladas.

Permítanme que sea claro como el agua: si han vivido una tragedia y alguien les dice de algún modo o forma que tenía que suceder, que ocurrió por una razón, que les hará mejores personas o que asumir la responsabilidad de esa tragedia lo arreglará, tienen todo el derecho del mundo a borrar a esa persona de su vida.

El duelo, llorar una pérdida, es brutalmente doloroso. No sólo se llora la pérdida cuando muere alguien. Se llora la pérdida cuando se viene abajo una relación. Se llora la pérdida cuando se echan por tierra las oportunidades. Se llora la pérdida cuando mueren los sueños. Se llora la pérdida cuando una enfermedad nos destroza.

Así que voy a repetir unas palabras que he pronunciado innumerables veces; unas palabras tan poderosas y sinceras que rompen en mil pedazos la arrogancia de todos los imbéciles que participan en el menosprecio del duelo:

Hay cosas en la vida que no tienen arreglo: sólo pueden llevarse consigo.

Estas palabras son de mi querida amiga Megan Devine, una de los pocos autores del campo de la pérdida y el trauma a los que apoyo. Y son tan conmovedoras porque apuntan directamente a los patéticos lugares comunes que nuestra cultura ha llegado a plasmar de un modo cada vez más desesperanzador. Perder un hijo no tiene arreglo. El diagnóstico de una enfermedad debilitante no tiene arreglo. Sufrir la traición de nuestro confidente más íntimo no tiene arreglo.

Solo pueden llevarse consigo.

Siento decepcionarles, pero aunque la devastación puede hacernos madurar, muchas veces no es así. La realidad es que muchas veces destruye vidas. Y la auténtica desgracia es que esto ocurre precisamente porque hemos sustituido el duelo con consejos. Con lugares comunes. Con nuestra ausencia.

Ahora vivo una vida extraordinaria. Disfruto de la enorme bendición de las oportunidades que he tenido y de la vida radicalmente poco convencional que me he construido. Pero dicho esto, no bromeo cuando digo que la pérdida en sí y por sí no me han hecho mejor persona. En realidad, me ha endurecido en muchos aspectos.

Aunque tantas pérdidas me han hecho ser plenamente consciente del dolor de los demás y empático, también me han convertido en un ser más aislado y predispuesto a esconderme. Tengo una visión más escéptica de la naturaleza humana y menos paciencia con quienes desconocen lo que la pérdida le hace a la gente.

Sobre todo, me queda una omnipresente culpa del superviviente que lleva persiguiéndome toda la vida. Esta culpa es en realidad el origen de mi ocultación, mi autosabotaje y mi quebrantamiento.

En resumen, mi dolor no ha sido erradicado nunca, solo he aprendido a encauzarlo en mi trabajo con los demás. Considero que es un gran privilegio trabajar con otras personas que sufren, pero decir que mis pérdidas de algún modo tenían que ocurrir para que crecieran mis dones sería pisotear la memoria de todos aquellos a los que perdí demasiado jóvenes, de todos los que sufrieron sin necesidad y de todos lo que afrontaron las mismas pruebas que yo afronté a edad temprana pero no las superaron.

Me niego a hacer eso. No voy a construir ningún tipo de falacia narrativa engañosa para poder sentirme mejor por estar vivo. No voy a suponer que Dios dispuso que viviera en lugar de todos los demás para que pudiera hacer lo que hago ahora. Y desde luego no voy a fingir que lo he conseguido simplemente porque fui lo bastante fuerte; que tuve «éxito» porque «asumí la responsabilidad».

Hay un montón de lugares comunes del tipo «asume tu responsabilidad» en el espacio del desarrollo personal y casi todos son chorradas. La gente le dice a alguien que asuma la responsabilidad cuando no quiere comprender.

Porque comprender es mucho más difícil que adoptar una pose. Decirle a alguien que «asuma la responsabilidad» de su pérdida es una forma de masturbación caritativa. Es lo contrario del porno inspiracional: es porno mojigato.

La responsabilidad personal implica que hay algo cuya responsabilidad hay que asumir. Uno no asume la responsabilidad de ser violado o de perder un hijo. Uno asume la responsabilidad de lo que decide vivir después de los horrores a los que hace frente, pero no decide si llorar la pérdida. No somos tan listos ni tan poderosos. Cuando nos visita el infierno, no podemos escapar del duelo.

Por eso todos los lugares comunes y arreglos y poses son tan peligrosos: al volcarlos sobre quienes decimos que amamos, les negamos el derecho a llorar la pérdida.

Y al actuar así, les negamos el derecho a ser humanos. Les robamos un poco de su libertad precisamente cuando están en la encrucijada de su máxima fragilidad y desesperación.

Nadie —o sea, nadie— tiene esa autoridad. Aunque la reivindiquemos todo el tiempo.

Lo irónico es que lo único que puede ser incluso «responsable» en medio de la pérdida es llorarla.

Así que si alguien les dice algún tipo de supéralo, pasa página o sigue adelante, pueden dejar que se vaya.

Si alguien les evita en mitad de la pérdida o hace como que no ha pasado o desaparece de su vida, pueden dejar que se vaya.

Si alguien les dice que no todo está perdido, que ha ocurrido por una razón, que serán mejores como consecuencia de su pena, pueden dejar que se vaya.

Déjenme que lo repita: todos esos lugares comunes son una puta mentira.

Ustedes no son responsables ante quienes intentan hacer que se las traguen. Pueden dejar que se vayan.

No digo que es lo que deberían hacer. Eso depende de ustedes y solo de ustedes. No es una decisión fácil y debería tomarse con cuidado. Pero quiero que entiendan que pueden hacerlo.

He llorado la pérdida muchas veces en mi vida; la vergüenza y el odio a mí mismo me han abrumado tanto que casi acabaron conmigo.

Las personas que ayudaron —las únicas que ayudaron— fueron quienes estuvieron allí. Y no dijeron nada.

En esa nada, lo hicieron todo.

Estoy aquí —he seguido viviendo— porque esas personas escogieron amarme. Me amaron en su silencio, en su voluntad de sufrir conmigo, a mi lado y a través de mí. Me amaron en su deseo de sentirse tan incómodas, tan destrozadas, como me sentía yo, aunque fuera solo una semana, una hora, incluso apenas unos minutos.

La mayoría de la gente no tiene ni idea de lo enormemente poderoso que es esto.

¿Hay formas de encontrar la «curación» en medio de la devastación? Sí. ¿Nos puede «transformar» el infierno al que nos arroja la vida? Por supuesto. Pero eso no ocurre si no se nos permite llorar la pérdida. Porque el duelo en sí no es un obstáculo.

Los obstáculos vienen después. Las opciones de cómo vivir, cómo llevar con nosotros lo que hemos perdido, cómo tejernos un nuevo tapiz, vienen después del duelo. No puede ser de ningún otro modo.

El duelo está entretejido en la estructura de la experiencia humana. Si no se permite que ocurra, su ausencia saquea todo lo que queda: la frágil y vulnerable concha en que podríamos convertirnos ante la catástrofe.

Pero nuestra cultura trata el duelo como un problema que hay que resolver, una enfermedad que hay que curar o ambas cosas. En el proceso, hemos hecho todo lo posible para evitarlo, ignorarlo o transformarlo. Como consecuencia, cuando estamos frente a una tragedia solemos encontrarnos con que ya no estamos rodeados de personas, sino de lugares comunes.

Qué ofrecer en cambio

Cuando una persona está destrozada por el duelo, lo último que necesita son consejos. Su mundo se ha hecho añicos. Eso significa que el acto de invitar a alguien —a cualquiera— a entrar en él es un acto muy arriesgado. Tratar de arreglar o racionalizar o eliminar su dolor solo hace que su terror aumente.

En cambio, lo más poderoso que pueden hacer es reconocer. Decir literalmente las palabras:

Reconozco tu dolor. Estoy aquí contigo.

Obsérvese que he dicho contigo, no para ti. Para implica que van a hacer algo. Eso no les corresponde a ustedes. Pero permanecer con su ser querido, sufrir con él, escucharle, hacer todo salvo algo es increíblemente poderoso.

No hay nada mejor que el reconocimiento. Y el reconocimiento no requiere preparación, un talento especial, conocimientos especializados. Sólo requiere la voluntad de estar presente con un alma herida y permanecer presente mientras sea necesario.

Estén allí. Solo estén allí. No se vayan cuando se sientan incómodos o cuando crean que no están haciendo nada. En realidad, es precisamente cuando se sienten incómodos y como si no estuvieran haciendo nada cuando deben quedarse.

Porque es en esos lugares —en las sombras del horror en las que rara vez nos permitimos entrar— donde se encuentra el comienzo de la curación. Esta curación se encuentra cuando tenemos a otros dispuestos a entrar en ese espacio con nosotros. Cada persona que llora su pérdida en la tierra necesita a estas personas.

Por tanto, les ruego, les imploro: sean una de estas personas.

Son ustedes más necesarios de lo que jamás sabrán.

Y cuando ustedes se encuentren en necesidad de esas personas, búsquenlas. Les garantizo que están allí.

Todos los demás pueden irse.

 

Texto original en inglés: © Tim Lawrence, Everything Doesn’t Happen For A Reason. Traducido con permiso del autor.

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Los números de 2015

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 2.900 veces en 2015. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 48 viajes para llevar tantas personas.

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