Desconfía de las historias simples || Tyler Cowen

Tyler Cowen.TED[Charla de Tyler Cowen en TEDxMidAtlantic, noviembre de 2009. Lo que sigue es una traducción de esta transcripción]

Me han pedido que venga aquí y les cuente historias, pero lo que me gustaría hacer en cambio es contarles por qué desconfío de las historias, por qué las historias me ponen nervioso. En realidad, muchas veces, cuanto más inspirado hace que me sienta una historia, más nervioso me pongo. Así que las mejores historias suelen ser las más engañosas.

Lo bueno y lo malo de las historias es que son una especie de filtro. Toman un montón de información, dejan parte fuera y conservan otra parte. Pero lo que pasa con este filtro es que siempre deja las mismas cosas dentro. Siempre nos dejan el mismo puñado de historias. Según un antiguo dicho, casi todas las historias se pueden resumir en «un forastero llegó a la ciudad». Hay un libro de Christopher Booker[1] según el cual solo hay siete tipos de historias: el monstruo, de mendigo a millonario, la búsqueda, viaje y regreso, comedia, tragedia y renacimiento. No hace falta estar totalmente de acuerdo con la lista, pero lo importante es esto: si pensamos a través de historias, nos estamos contando las mismas cosas una y otra vez.

Se hizo un estudio en el que pedimos a algunas personas que describieran su vida. Y lo interesante es que algunas dijeron: «un caos». Probablemente es la mejor respuesta, y no lo digo en el mal sentido. Un «caos» puede liberar, un «caos» puede empoderar, un «caos» puede ser una forma de recurrir a múltiples puntos fuertes. Pero lo que la gente quería decir era: «Mi vida es un viaje». El 51% quería convertir su vida en una historia. El 11% dijo: «Mi vida es una batalla». Eso también es un tipo de historia. El 8% dijo: «Mi vida es una novela»; el 5%, «mi vida es una obra de teatro». Creo que nadie dijo: «Mi vida es un reality show».

Una vez más imponemos un orden en el caos que observamos y lo hacemos adoptando los mismos modelos, y cuando algo tiene forma de historia, muchas veces lo recordamos cuando no deberíamos hacerlo. ¿Cuántos de ustedes conocen la historia de George Washington y el cerezo? No es obvio que fuera eso lo que pasó exactamente. La historia de Paul Revere: no es obvio que las cosas sucedieran exactamente así. Así que, repito: debemos desconfiar de las historias. Estamos programados biológicamente para responder a ellas. Las historias contienen un montón de información. Tienen poder social. Nos conectan con otras personas. Así que son una especie de caramelo que nos dan cuando consumimos información política, cuando leemos novelas. Cuando leemos libros de no ficción en realidad nos están dando historias. La no ficción es, en cierto sentido, la nueva ficción. Puede que el libro diga cosas ciertas, pero todo adopta la misma forma de estas historias.

Entonces, ¿cuáles son los problemas de confiar demasiado en las historias? Vemos nuestra vida como «esto» en lugar del caos que es o que debería ser. Pero, más específicamente, pienso en algunos problemas importantes cuando pensamos demasiado a través de la narrativa. En primer lugar, las narraciones tienden a ser demasiado simples. La clave de la narración es despojar, no sólo hasta dejarlo en 18 minutos, sino que podríamos resumir la mayoría de las narraciones en una o dos frases. Así que cuando quitamos los detalles, tendemos a contar historias de buenos y malos, sea una historia de nuestra propia vida o una historia sobre política.

Ahora bien, algunas cosas son realmente sobre buenos y malos. Eso lo sabemos todos, ¿no? Pero creo que, normalmente, nos sentimos demasiado inclinados a contar una historia de buenos y malos. Como sencilla regla general, imaginen que cada vez que cuentan una historia de buenos y malos rebajan básicamente su CI diez puntos o más. Si solo adoptaran esto como una especie de hábito mental interno, es, en mi opinión, una forma de ser mucho más inteligentes bastante rápido. No tienen que leer más libros. Solo imagínense apretando un botón cada vez que cuentan la historia de buenos y malos, y al apretar el botón bajan su CI diez puntos o más.

Otro tipo de historias populares, no sé si conocen las películas de Oliver Stone o Michael Moore. No podemos hacer una película y decir: «Todo fue un gran accidente». No: tiene que ser un complot, personas que se juntan para conspirar, porque las historias tratan de la intención. Las historias no tratan del orden espontáneo o de instituciones humanas complejas que son producto de la acción humana, pero no del diseño humano. No: las historias son sobre malos que se juntan para conspirar. Así que oyen historias sobre conspiraciones o incluso historias sobre buenos que se juntan para conspirar, como cuando ven una película. Esta es, de nuevo, una razón para desconfiar. Como buena regla general, cuando oigo una historia, ¿cuando debería desconfiar especialmente? Si oyen una historia y piensan: «¡Caray, eso sería una película genial!», allí es donde debería saltar la alarma un poco más y deberíamos empezar a pensar más en que quizá todo sea un poco un caos.

Otra historia o guión común es la afirmación de que «tenemos que ser duros». Oímos esto en muchos contextos. «Tenemos que ser duros con los bancos». «Tenemos que ser duros con los sindicatos». «Tenemos que ser duros con este país, con este dictador extranjero, con alguien con quien estamos negociando». Ahora bien, de nuevo, no se trata de estar en contra de ser duros. A veces debemos ser duros. Ser duros con los nazis fue bueno. Pero esta es una historia en la que nos apoyamos con demasiada facilidad. Cuando no sabemos realmente por qué pasó algo, culpamos a alguien y decimos: «Tenemos que ser duros con ellos», como si a nuestros predecesores nunca se les hubiera ocurrido la idea de ser duros. Yo suelo considerarlo una especie de pereza mental. No es más que una historia que contamos. «Tenemos que ser duros, tuvimos que ser duros, tendremos que ser duros». En general, es una especie de aviso.

Otro tipo de problema con las historias es que solo podemos meternos un número determinado de historias en la cabeza a la vez o a lo largo de un día o incluso a lo largo de una vida. Así que nuestras historias sirven para demasiados fines. Por ejemplo, solo para salir de la cama por la mañana nos contamos la historia de que nuestro trabajo es realmente importante, que lo que vamos a hacer es realmente importante, y tal vez lo sea, pero me cuento esta historia incluso cuando no es verdad. ¿Y saben qué? Esa historia funciona. Me saca de la cama. Es una especie de autoengaño, pero el problema surge cuando necesito cambiar esa historia. La razón de ser de la historia es que me aferro a ella y la mantengo, y me saca de la cama. Así que cuando lo que estoy haciendo es en realidad una pérdida de tiempo, en el caos de mi vida, estoy demasiado atado a la historia que me saca de la cama, cuando lo ideal es que tuviera algún tipo de mapa complejo de historias en la cabeza, con combinatorias y una matriz de cálculo, etc. Pero las historias no funcionan así. Las historias, para que funcionen, tienen que ser simples, fáciles de entender, fáciles de contar a los demás, fáciles de recordar. Así que las historias tienen un uso doble y contradictorio, y con mucha frecuencia nos llevarán por mal camino.

Yo antes pensaba que estaba en el campo de los economistas, era uno de los buenos y estaba aliado con otros buenos y luchábamos contra las ideas de los malos. ¡Pensaba eso! ¡Y probablemente estaba equivocado! Quizá a veces sea de los buenos, pero en algunas cuestiones, me di cuenta por fin: «pues mira, yo no era de los buenos». No estoy seguro de que fuera de los malos en el sentido de tener mala intención, pero me era muy difícil salir de esa historia.

Una cosa interesante sobre sesgos cognitivos, el tema de tantos libros últimamente. Está el libro del pequeño empujón, el del impulso irracional, el de la inteligencia intuitiva, como el libro cuyo título tiene una sola palabra… todo acerca de las formas en las que la cagamos. Y hay muchísimas formas, pero lo que me parece interesante es que ninguno de estos libros identifica lo que, para mí, es la forma fundamental y más importante de cagarla, que es que nos contamos demasiadas historias o nos dejamos seducir con demasiada facilidad por las historias. ¿Y por qué estos libros no nos dicen eso? Porque los propios libros tratan de historias. Cuantos más libros de estos leamos, más aprendemos sobre algunos de nuestros sesgos… pero hacemos que algunos de nuestros otros sesgos empeoren esencialmente. Por tanto, los propios libros son parte de nuestro sesgo cognitivo. La gente los suele comprar como si fueran una especie de talismán, en plan: «He comprado este libro, no voy a ser predeciblemente irracional». Es como si la gente quisiera oír lo peor para poder prepararse psicológicamente o defenderse de ello. Por eso existe este mercado para el pesimismo. Pero creer que comprar el libro nos lleva a alguna parte podría ser la mayor falacia. No es más que la prueba de que las personas más peligrosas son aquellas a las que han enseñado conocimientos financieros. Esas son las que van por allí y cometen los peores errores. Es a la gente que se da cuenta que no sabe absolutamente nada a la que le va bastante bien al final.

Un tercer problema con las historias es que los de fuera nos manipulan con ellas, y que todos pensamos que la publicidad solo funciona con los demás, pero no es así. La publicidad funciona con todos nosotros, así que si están demasiado apegados a las historias, lo que va a pasar es que llegarán los que venden productos y envolverán su producto con una historia. Ustedes pensarán: «Mira, una historia gratis» y terminarán comprando el producto porque el producto y la historia van juntos.

Y si piensan en cómo funciona el capitalismo, aquí hay un sesgo. Veamos dos tipos de historias sobre coches. La historia A es: «Compra este coche y tendrás parejas guapas y románticas, y una vida fascinante». Hay un montón de gente que tiene un incentivo económico para promover esa historia. Pero digamos que la historia alternativa es: «En realidad no necesitas un coche tan bueno como indicarían tus ingresos. Lo que haces normalmente es mirar lo que hacen tus iguales y copiarlos. Esa es una buena heurística para un montón de problemas, pero en lo que se refiere a los coches, compra un Toyota.» Quizá Toyota tenga aquí un incentivo, pero incluso Toyota gana más dinero con los coches de lujo y menos con coches más baratos. Así que si piensan en el tipo de historias que terminan oyendo, terminan oyendo las historias de glamour, las seductoras, y les digo de nuevo que no se fíen de ellas. Son gente que usa su amor por las historias para manipularles. Den marcha atrás y digan: «¿Cuáles son los mensajes y cuáles son las historias que nadie tiene incentivos para contar?» y empiecen a contarse esas historias y a ver si cambian algunas de sus decisiones. Es una forma sencilla: nunca podrán salir del patrón de pensamiento que usa historias, pero pueden mejorar en qué medida piensan a través de historias y tomar algunas decisiones mejores.

Así, si pienso en esta charla, me pregunto, naturalmente: ¿qué es lo que aprenden de ella? ¿Qué historia aprenden de Tyler Cowen? Una historia que podrían aprender es la de la búsqueda. «Tyler vino y nos dijo que no pensáramos tanto a través de historias». Esa sería una de las historias que podrían contar sobre esta charla. Encajaría en un modelo muy conocido. Podrán recordarla. Podrían contarla a otras personas. «Llegó este tipo tan raro y dijo que no hay que pensar a través de historias. Déjame contarte lo que ha pasado hoy» y cuentan su historia. Otra posibilidad es contar una historia de renacimiento. Pueden decir: «Pensaba demasiado a través de historias, pero entonces oí a Tyler Cowen y ahora pienso menos a través de historias». Esa es también una narración que recordarán, que pueden contar a otras personas y que pueden recordar. También podrían contar la historia de una gran tragedia: «Este hombre, Tyler Cowen, llegó y nos dijo que no pensáramos a través de historias, pero lo único que pudo hacer fue contarnos historias sobre cómo otras personas piensan demasiado a través de historias».

Así que hoy, ¿cuál de ellas es? ¿Búsqueda, renacimiento, tragedia? ¿O tal vez una combinación de las tres? No estoy seguro en realidad, y no estoy aquí para decirles que quemen su reproductor de deuvedés y se deshagan de su Tolstoi. Pensar a través de historias es fundamentalmente humano. Dice Gabriel García Márquez en sus memorias, Vivir para contarla, que usamos las historias para dar sentido a lo que hemos hecho, para dar significado a nuestras vidas, para establecer conexiones con otras personas. Nada de esto va a desaparecer, no debería desaparecer ni puede desaparecer. Pero como economista, pienso en la vida en el margen. La decisión extra: ¿deberíamos pensar más a través de historias o menos? Cuando oímos historias, ¿deberíamos desconfiar más? ¿Y de qué clase de historias deberíamos desconfiar? De nuevo, lo que les digo es que son las historias que más les gustan, las que consideran más gratificantes, las más inspiradoras. Las historias que no se centran en el coste de oportunidad o en las consecuencias complejas e involuntarias de la acción humana, porque a menudo eso no sirve para una buena historia. Así que muchas veces las historias son de triunfo o de lucha; hay fuerzas opuestas, que son malas o ignorantes; hay una persona en una búsqueda, alguien que hace un viaje y un forastero que llega a la ciudad. Y esas son sus categorías, pero no dejen que les hagan demasiado felices.

Como alternativa, en el margen (de nuevo, no quemen a Tolstoi), sean solo un poco más caóticos. Si yo tuviera que vivir realmente esos viajes y búsquedas y batallas, sería agobiante. Es como, madre mía, ¿no puedo tener mi vida en su caótica y ordinaria —dudo en usar la palabra— gloria? A mí me divierte, ¿tengo que seguir realmente algún tipo de narrativa? ¿No puedo vivir sin más? Así que estén más a gusto con el caos. Estén más a gusto con el agnosticismo, y me refiero a las cosas que les hacen sentirse bien. Es demasiado fácil escoger unas cuantas áreas en las que son agnósticos y luego sentirse bien, en plan: «soy agnóstico en religión o en política». Es una especie de cambio de carteras para ser más dogmáticos en otras cosas, ¿verdad? A veces las personas más fiables intelectualmente son las que escogen un área y son totalmente dogmáticas en eso. De un modo irrazonable y terco, piensan ustedes: «¿Cómo pueden creerse eso?» Pero eso absorbe su cabezonería y luego pueden ser bastante abiertas en otras cosas. Así que no caigan en la trampa de creer que, como son agnósticos en algunas cosas, son básicamente razonables en su autoengaño y sus historias y su amplitud de miras.

[Les ofrezco] esta idea de revolotear, de revolotear epistemológicamente, y del caos y de lo incompleto, y de que no todo se puede atar en un bonito lazo y de que en realidad no están aquí haciendo un viaje. Están aquí por alguna razón o razones caóticas, y quizá no sepan cuál es, y quizá yo no sepa cuál es, pero en cualquier caso estoy contento de haber sido invitado, y gracias a todos por escuchar.

[1] N. de la T.: Aquí hay una reseña de Página 12 sobre el libro.

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