Las sillas

Acababa de mudarme y necesitaba unas sillas. Mirando anuncios y fotos, me sorprendí pensando si serían cómodas para mi padre. Lloré un poco. Me reí. Compré las sillas. Un mes después compré más cosas: visillos, un perchero, un espejo. Cuando llegaron a casa descubrí que, sin darme cuenta, había terminado comprando el cojín. Por si la silla era demasiado dura para mi padre.

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